FUERA DE JORNADA

Suena el despertador del móvil. Comienza tu jornada. Te duchas, vistes, coges tus cosas y sales de casa dirección a tu trabajo. Te quedan por delante ocho largas horas de jornada laboral; de hablar con jefes, clientes y compañeros. Procuras ser lo más amable, compresivo y paciente posible, y evitar así, incomodidad, roces y rechazo por parte de todos.

Lo más importante es comunicarse correctamente con ellos y procurar ser flexible ante todo. Una postura rígida solo nos lleva a una respuesta rígida. Nadie quiere eso. Y menos ahora, que perder un trabajo es perderse en la vida.

Procuras ser lo más sociable posible. Hablando educadamente y escuchando todo lo que tienen que decirte. Buscando puntos en común para poder dialogar. Si puedes, para conocer más a tu equipo, sales con ellos a comer, cenar o tomar café. Lo que sea con tal de que se sientan cómodos estando contigo. Incluso cuando algunos de ellos no sean buenos compañeros de trabajo.

Lo más importante es parecer cercano, estar siempre dispuesto y ayudar en lo que sea necesario para sacar el trabajo adelante. Si tú caes, los demás pueden caer contigo. Y a la inversa…. Nadie quiere eso. Si algo va mal, todos debemos apoyarnos.

Y así, después de un gran esfuerzo, termina la jornada laboral y vuelves a casa. Te esperan tu mujer y tus hijos. Ella trabaja media jornada por las mañanas, asi que está en casa preparando la cena. Te desvistes, tiras la chaqueta en el sofá, dejas el maletín encima de la mesa y los zapatos en cualquier parte. En calzoncillos, te sientas en el sofá y enciendes la televisión. Entras en Netflix. Te quejas porque han quitado tu serie favorita del catálogo y además, tienes hambre. Mandas callar a tus hijos porque hacen mucho jaleo. Cenas mirando la nueva serie que has elegido. Terminas y le das el plato a tu mujer que se levanta para llevarlo a la cocina mientras te intenta contar cómo le ha ido el día y los planes para el fin de semana. Pero quieres desconectar y no te apetece escuchar a nadie más. Te quedas dormido y te despiertan los besos de buenas noches de tus hijos. Te vas a la cama y te quedas dormido leyendo las redes sociales. Te despierta tu mujer cuando retira el móvil de tus manos y lo pone en la mesilla. Apaga la luz. Duermes.

Suena el despertador del móvil. Comienza tu jornada. Te quedan por delante ocho largas horas de ser lo más amable, compresivo y paciente posible para evitar incomodidad, roces y rechazo entre tus compañeros; hasta que termine la jornada laboral.

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