QUERÍA PERO AMABA

María quería a Luis pero amaba a Ramón. Entre sartenes y pucheros lo vio tan claro que no pudo contener las lágrimas del temor que creció en su interior.

Desde que tenía 15 años, Luis fue su compañero de aventuras. Juntos, dejaron el instituto y se volcaron en el sueño de convertirse en estrellas del Hevy Metal, abrir un bar en el centro de Vigo y publicar cómics de héroes. Pero tras la muerte del padre de Luis, la separación de los padres de María y su embarazo, convirtieron sus sueños en niebla. El divorcio de sus padres no fue ni de lejos amistoso. María se tuvo que hacer cargo del restaurante de sus padres como dueña y cocinera.

Tras la boda, Luis, María y su hijo Brais, se fueron a vivir con la madre de Luis, una mujer con la costumbre de incordiar diciendo como tienes que hacer todo. Luis, perdido entre sus pensamientos, busca su primer trabajo durante la peor crisis laboral, al mismo tiempo que juega a ser emprendedor con la innovadora idea de montar un bar en un país lleno de bares. Mientras, María busca en su cocina algo con lo que olvidar su día a día, porque ya nada es como antes y jamás será como lo imaginaron.

Una mañana, leyendo el periódico acompañada de su café y tostada de albaricoque, encontró una nefasta crítica sobre la comida de su restaurante. Indignada, María se embarcó en un viaje en busca del crítico cuya valoración ponía en peligro su negocio. Decidida cogió un avión destino a Madrid. No podía entender que una persona que vive tan lejos de Santiago, escribiese una crítica de un restaurante de pueblo perdido entre montañas y niebla.

Y allí estaba, plantada en la Gran Vía de Madrid, un lugar tan congestionado de gente como de coches. El jaleo era tal, que la sensación de aturdimiento tardó en desaparecerle.

-140, 142, 144 ¡Este es!

El telefonillo tenía tantos botones, que por un momento pensó estar entrando en una nave espacial. Y justo antes de presionar el timbre, todas las dudas que un segundo antes no tenía, saltaron en tropel al primer plano nublando su mente. Toda la fuerza con la que salío de casa en Santiago, se huyó despavorida dispersándose por la Gran Vía.

Respiró hondo, cogió aire y ¡piiiiip!

Una voz serena de hombre responde al teléfono.

-¿Si?

-H-Hola.

-¿Si?

-Hola, soy María.

– ¿Si?

-Soy María, de Santiago. Soy la propietaria del Restaurante Vai e Ven. Quería hablar con usted sobre la crítica que realizó hace dos días sobre la comida de mi restaurante.

Tras un silencio inquietante en la que solo se escucha la respiración del hombre por el telefonillo. Seguidamente suena la apertura del portal. María entra y coge el ascensor al quito piso. Ya no sabía si se alegraba de que le abriese la puerta o si hubiese preferido que le colgara el telefonillo dejándola sin opciones y terminando esta locura de viaje cuyo sentido se fue perdiendo por el camino.

Tras llamar, Ramón abre la puerta. Un hombre de dos metros con el porte de un deportista y ojos muy despiertos. La realidad chocaba, y mucho, con el imaginario de María que esperaba que un hombre bajito, rechoncho y bigotudo estuvieses detrás de su crítica.

No se como describir lo que pasó en ese piso, pero escapó completamente al control de María. Ella lo odiaba por su crítica y él, la odiaba por su nefasta comida. Tras no ponerse de acuerdo ella le propuso hacerle la comida preparándole los platos que tanto criticaba. Y el hombre, perplejo por la actitud de María, aceptó. Toda la cocina para ella.

Mientras cocinaba, él la observaba. Cada vez que María hacía algo que consideraba mal, él carraspeaba. María sonrió, apagó la cocina y sin mediar palabra, acabaron en la cama. Al llegar la noche, ambos continuaron con el reto que habían empezado en la cocina.

María quería a Luis, pero amaba a Ramón. Entre sartenes y pucheros lo vio tan claro que no pudo contener las lágrimas del temor que creció en su interior. Agarró un afilado cuchillo y con todos su temores en mente, le asestó a Ramón una puñalada en el estómago.

De vuelta en su restaurante de Santiago, María continúa buscando en su cocina algo con lo que olvidar su día a día, porque ya nada es como antes y jamás será como lo imaginaron.

Autora: Alba de Alba.

 

 

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