LORENZO, CLARA Y LA PIZARRA GLOTONA.

En un pequeño pueblo de calles grises, habitantes que visten de gris y semblante gris, vive Lorenzo y su inseparable amiga Clara, una pequeña rana.

Un día, mientras Lorenzo cruzaban la plaza del pueblo merendando un bocadillo, se le cayó un trozo al suelo. Y ¡ñam! ¡El suelo de pizarra lo engulló todo! Perplejo y un poco asustado, se fue corriendo con Clara para casa. Esa noche, Lorenzo tuvo una pesadilla: la pizarra tenía tanta hambre que se comió a todos los habitantes del pueblo.

Al día siguiente, Lorenzo tuvo una idea: darle de comer a la Pizarra Glotona. Fue a la despensa de su casa y con ayuda de Clara, llenó una mochila de alimentos. Metió un poco de todo: yogur, fruta, pan, chocolate… pues ¿qué le podía gustar a una Pizarra Glotona? Cerró la mochila, metió a Clara en el bolsillo delantero de su chaqueta y salió corriendo hacia la plaza.

Una vez allí, comenzó a repartir toda la comida por el suelo. Y la pizarra, que era muy glotona, ¡se lo comió todo! Cuando la comida se terminó, Lorenzo y Clara recogieron sus cosas y se fueron tranquilos a jugar a las charcas. Al ponerse el sol, Lorenzo y Clara decidieron volver a casa. Pero al llegar a la plaza, la encontraron abarrotada de gente.

      -¡La Pizarra Glotona se ha comido a alguien! ¡Sabía que pasaría! -exclamó Lorenzo asustado mientras corría hacia la plaza.

Entre la gente, Lorenzo encontró a sus padres.

      – ¡Mamá, Papá! ¿A quien se ha comida la Pizarra Glotona?

      – jajaja –Se rió su madre -Las pizarras no comen, cariño.

      -Pero si fuese así –continúa su padre -debería de comerse al gamberro que pintó todo el suelo de la plaza con tiza. – le dice al tiempo que lo coge y lo sube a sus hombros. Desde allí contempló lo ocurrido: ¡toda la plaza estaba llena de dibujos de colores de todos los alimentos que le dieron de comer a la pizarra!

      -Ja, ja, ja –a Lorenzo le dio un ataque de risa.

Sus padres, contagiados, también comenzaron a reírse. Y poco a poco, todos en la plaza estallaron en un ataque de risa. Al terminar las carcajadas, Lorenzo y Clara, les mostraron a los habitantes del pueblo el secreto de la Pizarra Glotona.

Finalmente, el pueblo decidió que entre todos le darían de comer a la pizarra. Y día a día, las calles grises se llenaron de dibujos de colores, los habitantes se vistieron de alegría y sus semblantes de sonrisas.

Autora: Alba de Alba

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